Hace unos meses, tomé un taller de poesía con Luigi Amara (poeta, ensayista y fundador de Tumbona Ediciones) en el Claustro de Sor Juana. Una de mis tareas fue escribir mi ars poética, es decir, las reglas del juego de mis poemas, en qué creo, con qué quiero romper, de qué poetas me agarro y de cuáles me separo.
Quería hacer algo divertido como lo de Oliverio Girondo y satírico como lo de Nicanor Parra. En el camino de regreso del Centro Histórico a mi casa, empecé a pensar en los poetas que he leído, y tuve una visión extrañisima:
Octavio Paz iba al volante de un microbús lleno hasta el tope de poetas. El Premio Nobel mexicano tocaba el claxon y les decía a los apretujados bardos que se recorrieran. Mientras tanto, Sor Juana gritaba las paradas desde la puerta, Bukowski jetonsísimo profería tremendos ronquidos desde su rincón, Pessoa y sus heterónimos venían con bultos y aperraban casi todos los asientos, Rosario Castellanos contaba su cambio y se tapaba el escote, Oliverio Girondo trataba sin éxito de abrir una ventana y López Velarde le decía a Sabines que si le pasaba lo de su pasaje al chofer. Walt Whitman, Li Po, Baudelaire, García Lorca, Rimbaud, Emily Dickinson y Paul Celan corrían con similar suerte.
Y así, en medio de tremendo despapaye, escribí estos mandamientos.
Decálogo
Amarás a Pound sobre todas las cosas.
No tomarás el nombre de Paz en vano.
Santificarás el ritmo.
Honrarás a Quevedo y a Sor Juana.
No rimarás.
No juntarás dos octosílabos.
No plagiarás.
No ganarás concursos ni becas.
No consentirás pensamientos impuros como publicar o que tus libros se vendan.
No codiciarás los versos ajenos.
Por cierto, la foto la tomé en Av. México-Tacuba.
Órale, no sabía que Luigi fundara esa editorial. A él lo vi en una presentación de un libro de Antonio Ortuño en la Feria del Libro Universitario de Xalapa en el 2008, junto con Luis Jorge Boone (a quien confundí con un ensamblador de computadoras jajaja). Los dos poetas criticaron el libro de Ortuño y luego éste se defendió (amigos, después de todo). Pues, afortunado pasaje epifánico, que ha dado pie a este afortunado post.
También yo he decidido necear un poco en el camino de las letras, pero no me he metido hasta ahora a ningún curso o taller; decidí bogar en solitario y me dicen que, por mi naturaleza, es mejor para mí . ¿Me está resultando? No lo sé, quisiera creer que sí porque, sin usar brújula y sin saber leer bien las estrellas, como que siento que me pierdo entre la mar de autores, corrientes, lecturas, tendencias, géneros, etc., etc. Tampoco sé si abusar de un blog sea de especial utilidad, como sea, cuatro años de subir acurrencias han transcurrido… en fin, no son tiempos para melancolías,
un saludo Urs,
G.
Por cierto, ¿por qué el wordpress pone esa cara de hulk en mi comentario? Creo que me sabe algo.
Los escritores tienen bastante de ensambladores, Gustavo, no me sorprende que confundieras a Boone con uno de ellos.
Imagino a todos esos poetas juntos y, claro entre ellos un eructo insurrecto de Bulowski.
Me gusta tu mandamiento de no plagiar, pero confieso que me encanta el robo, de ti, un día me robe una frase, que se convirtió en la idea de un cuento, luego ese cuento forma la esencia y la presencia de un personaje en una novela que no va ni a la mitad, el robo me vino muy bien porque me permitió crear todo el entorno de este personaje.
Que dos imaginantes se crucen es un prodigio, sobre todo si se cruzan sin que ellos estén conciente de eso, pero que un grupo de imaginantes imaginados arman una fiesta rumbo a la casa de “la tía Chofi”, no tiene límites, me gusta tu ars poética.
Gracias, Alberto. Sí, la literatura es una infinita cadena de robos. Sigamos robando pues, hasta publicar en papel.
te faltó notar un tullido limoensero, que se arratra sobre sus muñones, él es miguel ángel esquivel.