Semántica del no

 

Luz Salcedo Palacios estuvo a punto de morir a manos de Miguel Ángel Jasso Manríquez, un conocido suyo que ofreció llevarla a su casa. Jasso Manríquez intentó tener sexo con ella y cuando Lucero se negó, él le molió la cara a golpes y trató de estrangularla.  

Tres años después, el caso de Lucero sigue sin resolverse. Esto es lo que escribí en ese entonces:

“No significa sí”. Ese fue el mantra que los aspirantes a miembros de la fraternidad Delta Kappa Epsilon gritaron una y otra vez esa noche de 2010. “No significa sí. Sí significa anal” cantaron los jóvenes recién llegados a Yale mientras recorrían el Old Campus, es decir, la zona donde la mayoría de las alumnas de primer año tienen sus dormitorios.

“Nos encantan las zorras de Yale” decía el letrero con el que posaron en 2008 todos los estudiantes que querían ganarse su boleto de entrada a la fraternidad Zeta Psi frente al Women’s Center (Centro de las Mujeres), la asociación de esta universidad a cargo de atender, entre otras cosas, casos de abuso sexual. Sonrientes, con su letrero impreso en plotter, posaron y repitieron la palabra slut (zorra) haciendo sus voces más graves, como si entonaran un canto bélico.

“Reporte de exploración de pre-temporada” fue el título del correo electrónico que circuló entre alumnos pertenecientes a fraternidades y equipos atléticos de Yale en 2009 donde se clasificó a las alumnas de primer año según la ingesta de alcohol necesaria para volverlas deseables: Sobriedad, Cinco cervezas, Diez cervezas e Inconsciente. La lista incluyó los nombres, fotos, lugares de nacimiento y ubicaciones de los dormitorios de cada una de las 53 alumnas de nuevo ingreso.

Estos jóvenes miembros de fraternidades, fratboys como se les llama en inglés, ocupan un lugar privilegiado dentro de la sociedad estadounidense: son blancos, ricos y van a una de las universidades de las que han salido varios de los hombres más poderosos del país más poderoso del mundo (George W. Bush, por ejemplo). Y ellos están convencidos de que no, cuando sale de la boca de una mujer, siempre significa sí. De que, entonces, el sexo sin consentimiento no existe, que una violación es una cosa ilusoria porque no significa sí.

Esta migración semántica del no se extiende al lenguaje no verbal. Así lo demostró el “Reporte de exploración de pre-temporada” donde, basándose en la ropa que llevaban puesta sus compañeras en sus fotos de Facebook, los que hicieron circular este mail escribieron hit (darle) o miss (no darle). Si minifalda significa sí y escote significa sí, la pura presencia del cuerpo femenino significa sí. No hace falta que una mujer hable, su cuerpo habla por ella y, si el hombre que la mira la encuentra atractiva, su cuerpo siempre dice sí.

¿Fue ese sí el que creyó escuchar Miguel Ángel Jasso esa noche cuando llevó a María de la Luz Salcedo Palacios a un camino de terracería en las afueras de Guanajuato para tratar de tener sexo con ella en contra de su voluntad? ¿Leyó un sí entre todos los no que Lucero –como le dice de cariño su papá a María de la Luz– pronunció cuando Miguel Ángel la bajó del coche, la golpeó brutalmente e intentó estrangularla?

¿Dónde estaba ese sí que las autoridades a cargo del caso de Lucero vieron? ¿En su ropa interior? ¿Por eso le preguntaron qué tipo de ropa interior llevaba la noche que casi perdió la vida a manos de Miguel Ángel? ¿Por eso era relevante saber cuántas parejas sexuales ha tenido Lucero? ¿Porque una vez que dices sí ya siempre es sí?

A los fratboys de Yale y a Miguel Ángel Jasso los une la violencia. La violencia verbal del hate speech (discurso del odio) de estos jóvenes estadounidenses y la violencia física de los puños de Miguel Ángel tienen el mismo objetivo: la reivindicación de la masculinidad. ¿Pero por qué necesitan reivindicarla?

¿Será que secretamente temen el significado del no cuando sale de la boca de una mujer?

Un recuento rápido ante algunos de los no pronunciados por las mujeres en los últimos años nos lleva desde al derecho a votar y la legalización del aborto hasta a las australianas de la agrupación Take Back the Night (Recupera la noche) que salen a recorrer las calles con tacones, minifaldas y letreros que dicen “No porque me visto así quiero que me violes”.

Cuando una mujer dice no se mueve la balanza. Quizá por eso algunos le tienen tanto miedo.

CONTRA LA POLICÍA

por Miguel James

 

Toda mi obra es contra la policía.

Si escribo un poema de Amor es contra la policía

Y si canto a la desnudez de los cuerpos canto contra la policía

También si metaforizo esta Tierra metaforizo contra la policía

Si digo locuras en mis poemas las digo contra la policía

Y si logro crear un poema es contra la policía

Yo no he escrito una palabra, un verso, una estrofa que no sea contra la policía

Mi prosa toda es contra la policía

Toda mi obra incluyendo este poema

Toda mi obra entera es contra la policía.

Toda mi obra es contra la policía.

No-one Rises Indifferent to Sorrow

 

(an excerpt of this book by Silvia Goldman, translated by Charlotte Whittle)

 

The other day I thought everything was dead

and it was urgent to run to the graveyard.

I went only four times to the graveyard

my visit is not in proportion to my deaths

abstemious social activities that travel from my

right wrist to my left wrist

and later depart

leaving their blaze on my knees.

 

I stay seated,

sunk down in the café and seated,

with my coffee, and sunk in my seat

and outside, I make a building, and on the seventh floor is a girl

but it isn’t me,

it’s the building,

or the building’s balcony,

or December in the building,

which make her a suicide in the city of life

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Viajar en tren

 

 

(encontré esto que escribí en enero de 2013)

Estoy cruzando el Adirondack en tren, de regreso a Nueva York desde Montreal.

Este animal metálico se desliza por el campo nevado como un balín al que no se le pone ninguna resistencia. Canta con voces salidas desde el fondo de un abismo. Plegarias seculares, acuáticas, cetáceas. ¿A qué dios le cantan? ¿sobre qué misal pasan sus dedos? Kawabata escribe sobre bellas durmientes en cuartos de terciopelo y yo soy el viejo Eguchi. Estas rocas sepultadas por nieve son ellas. Sus pieles igual de blancas reflejando ya no el terciopelo rojo sino mi muerte como un hueso pulido.

Escribir siempre sobre este tren. Aquí no hay tiempo para atorarse en un solo pensamiento. Hay que moverse rápido. De un árbol a otro, de un cuervo a otro. Prohibido rumiar. Prohibido paralizarse.

3 respuestas sobre la minificción

Gracias a la revista La Cigarra por esta entrevista que aquí reproduzco.

3 preguntas a Úrsula Fuentesberain | minificción

Le hicimos tres preguntas a la escritora Úrsula Fuentesberain  en relación con nuestro dossier del No. 11, minificciones. Estas fueron sus respuestas.


¿Cuál fue la última anécdota que contaste? 

En la sexta Avenida y la calle 32 de Manhattan, hay hombresestatuasdesal. Los veo plantados en las banquetas con los ojos cerrados, totalmente inmóviles.

Es falso eso de inmóviles, sus párpados aletean como aletean los párpados de los soñantes.

Los veo y me pregunto quién es más libre, ¿yo, que pasaré las siguientes nueve horas en una torre de concreto y cristal escribiendo líneas para empujar a la gente a comprar más hamburguesas o ellos, que están a kilómetros de estas calles olorosas a basura, flotando en ríos caleidoscópicos y teniendo orgasmos en cada uno de los poros de su piel?

¿Qué no cabe en una minificción?

El fárrago. Los cuchillos desafilados.

Escribamos una minificción juntos: danos cinco pistas de la historia.

Primavera
May Blossoms
Los que Dios dijo
No saber si huele a sexo o a cadáver
Las calles sucias de pétalos blancos

.

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[GIF de Canek Zapata]

Úrsula Fuentesberain

1982. Celaya, Guanajuato. Escritora de cuentos, reseñas y derivas. Ha editado las revistas Día Siete Dónde ir. Fue becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de narrativa y obtuvo también la beca FONCA jóvenes creadores. Hizo la maestría en escritura creativa de Sarah Lawrence College. Vive en Nueva York.
http://www.ursulafuentesberain.wordpress.com.

Puedes encontrar más trabajo de Canek Zapata aquí:
newhive.com/canekzapata/

#ViajoSola: Tengo derecho a que no me maten

Cuando leí el texto de María Fernanda Ampuero en Anfibia sobre el feminicidio de las dos viajeras argentinas en Ecuador me acababa de enterar del asesinato de Cindia, la hermana de Olga a quien conocí en el centro comunitario de Harlem en el que fui voluntaria.
A Cindia la mató su ex esposo, a puñaladas, 14 puñadas, el día de su cumpleaños, el tipo ya tenía una orden de restricción, después de matarla se suicidó, dejó a sus dos hijos huérfanos. Esa fue la gota que derramó el vaso.
Le escribí a Ampuero y le propuse traducir su texto para que se difundiera en algún medio en inglés. Mi adorada y talentosa Carolyn Silveira me ayudó. Salió publicado en UnSlut Project, una plataforma de muchísimo renombre que se dedica a denunciar y combatir la violencia hacia la mujer. Aquí se los dejo.

Intro by Úrsula Fuentesberain

When María José Coni (22) and Marina Menegazzo (21) — originally from Mendoza, Argentina — were found dead in Montañita, a beach spot in Ecuador, both the authorities and the mass media blamed the young women for their own deaths. “It was meant to happen sooner or later,” said the former Sub secretary of Tourism of Ecuador, Cristina Rivadeneira, referring to the fact that the two women were backpacking through Chile, Perú and Ecuador —she was quickly forced to resign due to the outrage that this declaration provoked. Of the same tenor, renowned Argentinian psychiatrist, Hugo Marietán, referred to María José and Marina as “propitiatory victims”, because they exposed themselves to risks by being outside of their home country. The rest of the media responded in a similar fashion and attributed the murders to the fact that the young women were “traveling alone”.

This display of victim-blaming detonated a public backlash against misogyny and violence towards women. Several Latin American journalists and activists quickly spoke on behalf of María José and Marina and reminded readers that femicides (the killing of women) is an increasingly alarming problem in Latin America—particularly in Guatemala.

Specialized publications and organizations have been calling attention to the rise of gender hate crimes in Guatemala for years now. A 2010 article in America’s Quarterly states that, on average, two women were murdered each day in Guatemala in 2006 and that 94 percent of all the homicides of women committed between 2005 and 2010 remained unsolved. By the same token, a 2015 study ranked Guatemala as one of the top three countries with the highest rate of femicides (alongside El Salvador and Colombia); and during an interview for the foundation InSight Crime,Guatemala’s Attorney General, Thelma Aldana, said that “50 percent of the 854 women killed in Guatemala in 2015 were murdered as a direct result of organized crime.”

Ecuadorian authorities hastily pinned the crime on two men that allegedly offered Marina and María José a place to spend the night, but one of the accused men took back his declaration and said that the police forced him to confess to the crime. The victims’ families believe that the murders might be related to human trafficking.

The murder investigation is still ongoing, as are the demonstrations of solidarity with Marina and María José —the Facebook post written by Guadalupe Acosta, a Paraguayan college student, was amongst the most popular signs of support. Likewise, Marina’s sister, Belén Menegazzo, called for two protests in Ecuador, one in Montañita, and the second  in Guayaquil.

Argentinian magazine Anfibia also joined the public outcry against femicides and published pieces by seven Latin American writers using the hashtag #ViajoSola (#ITravelAlone). Renowned Ecuadorian author, María Fernanda Ampuero, was among them, she wrote a piercing essay, which Carolyn and I have translated below.



 #ITravelAlone: The Murderer Kills Me

By María Fernanda Ampuero.

Translated by Úrsula Fuentesberain and Carolyn Silveira.

1

When I was eight, the teenage son of some friends of the family molested me. Sexually. There was no rape or struggle. No nudity or screams muffled by a large hand.

None of that.

But he was a man and I unquestionably a girl, and he asked for kisses on the mouth and to be his girlfriend and knelt down to be at my level and got close to me until I could smell his breath —which I can still smell with the same fear— and he cornered me against a cabinet, and its corner pierced my back causing me more pain, and he demanded kisses. “There’s no age when it comes to love,” he repeated. “There’s no age when it comes to love ” and then took me to the closet where there was no light and I said, many times, to please let me go. He said to not be afraid, to be good, and he touched my face, my hair, and he asked me why I didn’t want to be his girlfriend. He told me that I was very pretty and that he liked me a lot and why did I not like him; I would make him feel sad if I didn’t give him a kiss.

I imagine my bewildered look. No boy, no girl should live that inexplicable fear, an adult fear that drowns you with confusion: a sexual fear, to get aroused and to arouse. No, dammit, children have to laugh and be frightened by things that frighten children, like ghosts, not erect penises.

Damn them all.

Marina Menegazzo and María José Coni, killed in Ecuador. Marina Menegazzo and María José Coni, killed in Ecuador.

What followed after that is a blur. A noise? Did I duck under his arm? I know that I escaped down the stairs like those animals that have been tortured by cruel children with lighters and that I didn’t stop running until I was tucked under the covers between my mother and my grandmother.

I know that I told them what happened, shaking and crying, and that they, women like me, tried to convince me that it wasn’t important: he’s a playful boy, that’s all.
Forget it, María Fernanda, bury it for thirty years.

Is it possible (or am I stupid and don’t understand) that sometimes mothers are more afraid of offending their husbands, fathers, sons, brothers, friends, and brothers-in-law by saying: Hey, are you sexually abusing my child?

It must be that I’m the idiot.

No. I was not raped. I have never been raped. But that afternoon, just minutes after I braided the multicolored tail of my Rainbow Bright horse, a man killed my innocence.

It was not in Montañita, I was not in a distant country, I was not being reckless, I wasn’t “traveling alone.” I hadn’t even left my house, my mom was nearby, and I was surrounded by everything I considered safe in the world. Pink walls, shelves of stuffed animals and coloring books.

I was eight.

My only “fault” was to be born with a vagina between my legs.

But who knows, I’m sure there’s someone who thinks: These women, always teasing men, even as little girls, such a problem. She must have done something to make the boy, a well educated young man, say all those silly but innocent things. What’s the harm? He was only playing. How could anyone think he had bad intentions? Please! It was that girl with her dirty mind, making up stories to get attention.

She’s a “drama queen.” That was the word that they used to refer to me from then on: “drama queen.”

They used to laugh at the “drama queen”.

No one ever said anything. My parents and his parents remained close friends, which meant that I had to keep seeing him, although at every party I hid in a corner, like a bunny in a room full of wolves. I became a sadder girl. Then a rebellious teenager. Then a disenchanted woman. What happened, happened twice: first, in that dark closet; second, with my family, who did nothing. Scratch that. Who sided with the bad guys.

Violence on top of violence: if people do not defend you it’s because you must have done something.

2

I travel

The atrocity of the world, the one that breaks little girls’ hearts, I am no stranger to that. Too many years ago I lost my naiveté and my perpetual optimism. I do not trust all. I do not think we are all brothers. I’m not affectionate or feminine when I speak. I’m not Ned Flanders.

I can be a piece of shit, and I am if I want to be.

I am Ecuadorian, Guayaquileña to be exact: I know you must have two hundred eyes when you walk down the street. One hundred of them on your wallet, another hundred on your ass. Because I’m a traveler, a tourist, a woman, a foreigner, a Latin American, my father’s daughter, an immigrant. Because I have common sense, because I’ve had many fucked up experiences in my life, I know how to stay alert.

That said, I believe with the faith of a saint that there are more good people than bad. And I also believe that this world belongs to me, not only to men, not just to women traveling with men.

It belongs to me, a woman traveling alone.

I prefer living to not living. And for me, and for all the people I love, to live means to go out, travel, speak, hear, taste, discover, watch, learn, marvel, experience. To do what some call taking risks.

Yes, this is a disgusting world in which some girls go on the trip of a lifetime and never come home, but it’s even more disgusting that we’re afraid to undertake such a trip in the first place.

I will not stop going to any Montañita I feel like just because they say I’m looking for death. It’s the opposite—I’m  looking for life. Death is given to me by those criminals that you, Mr. Chief of Police, Deputy of Justice, Mr. President, or whoever is in charge of apprehending them, have failed to apprehend.

I’ll say it more clearly in case anyone’s neurons aren’t firing: it is the murderer who kills me, not travelling alone.

I’m not stupid enough —I might be a woman, but I’m not an imbecile— to seek death, gentlemen, and especially in a paradise like Ecuador. In my Ecuador we seek life: there’s so much! The problem is that, if rapists and murderers are just walking around freely, even if I’m looking for life I will find death.

I will not stop going to Montañita, or wherever the hell my ovaries and I want, alone, even if people say that that was Marina and María José’s “crime.” Traveling “alone,” although they were two. And although I am not good with numbers, I am fairly certain that one and one make two.

Alone.

Did they need, then, a chaperone in order to not be killed? Why then do the police not offer chaperone services for tourists traveling alone? That’s how we get rid of the problem, right? Instead of chasing criminals, we’ll make sure that the crazy women traveling alone don’t misbehave and cause trouble, with their bikinis and their wild appetites. Hey, great idea! And one more: let’s change the slogan from “Ecuador loves life” to “Ecuador loves life, but accompanied.”

It is more genuine.

3

Alone

One of the most beastly things I’ve read about rape is in the book “King Kong Theory,” by French writer Virginie Despentes. When they were younger, Virginie and her friend were raped when hitchhiking their way back home from a concert. The physical and sexual assault was so violent that both adolescents became traumatized and never talked about what happened, not even between themselves. One day, Virginie read in a magazine this quote about rape by feminist writer Camille Paglia: “It’s an unavoidable risk, it’s a risk that women should be aware of and a risk that they should take if they want to leave their homes and move freely. If this happens, get up, dust yourself off, and move on. And if that scares you too much, then stay at your mother’s home and give yourself a manicure.”

Virginie Despentes says more:

“Camille Paglia is undoubtedly the most controversial of all American feminists. She proposes thinking about rape as an unavoidable risk inherent to our gender. She takes an incredible liberty in de-dramatizating rape. Yes, we had gone out into a space that was not ours. Yes, we had survived instead of having died. Yes, we were in miniskirts alone without an uncle to accompany us, at night, yes, we had been stupid, and weak, as girls learn to be when they’re assaulted. Yes, that had happened to us, but for the first time we understood what we did: we left home, because at Mom and Dad’s home there was nothing interesting going on. We had taken the risk and paid the price (…) Paglia allowed us to see ourselves as guerrilla fighters, not so much personally responsible for something we had sought, but ordinary victims of something to expect when you’re a woman and want to risk going out into the world.”

At first, I was really shocked to read these Paglia and Despentes quotes, but after several readings and much thought, I realized that savage and unspeakable things happen in this world; to think otherwise is stupid, but we are not stupid. Nevertheless, the problem is not this world, but the beasts that inhabit it —in Montañita and in London and in Buenos Aires— but we will not stay locked up at home because of them.

No. No. No. A thousand times no.

Marina Menegazzo and María José Coni. Marina Menegazzo and María José Coni.

You know what we’ll do? We will demand the world be a safer place for us, rather than getting blamed for wanting to know a world which, they say, is not safe for us.

It is not our fault that you don’t do your job.

It is not our fault, the ineptitude of whoever-is-governing.

Crime is not our fault.

Machismo is not our fault.

Getting murdered is not our fault.

Getting murdered is not our fault.

Getting murdered is not our fault.

My name is María Fernanda and I travel alone.

For me.

For Marina and María José.

For all of us: #Viajosola (#ITravelAlone)

Un diccionario para tejedoras

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¿Han escuchado hablar del Wickedary? Es un diccionario escrito por feministas en los años ochenta para contrarrestar el sexismo flagrante de diccionarios como el Webster.
Mary Daly, la creadora de este proyecto, escribe que Webster viene de webbestre, es decir, tejedora. El Wickedary redefine la palabra webster como una mujer cuyo oficio es el de tejer, especialmente palabras, “a weaver of Word-Webs”.
De esta forma, las tejedoras de este diccionario deshilachan todo lo que sus agujas tocan para liberarlas de su férula patriarcal y las re-tejen en un nuevo (y más maleable) universo de signos lingüísticos.
¡Es una maravilla! Les dejo una probadita:
“The weaving of the Wickedary is an Originally Sinful Act, for it questions and challenges the old saws/laws of the Lecherous State. It springs from the Original be-ing of women, from which patriarchal religion attempts to ‘save” us, but which is inherently Untouchable, Inviolate and Wild. The Wickedary, then, is a dictionary for witches.”
Mary Daly
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8 de marzo: No quiero flores

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No quiero flores. No tengo nada que celebrar hoy. A las mujeres nos siguen matando, nos siguen callando, seguimos oprimidas por un sistema patriarcal que nos subestima.

El gobierno y sus conmemoraciones por el Día de la Mujer enmarcadas con rosas y palabras edulcoradas me enfurecen. Me hacen pensar que Mary Wollstonecraft tenía razón cuando escribió que el sistema patriarcal se encargó de convertir a las mujeres en “apacibles bestias domésticas” sin educación, cuyo único propósito era procrear.

Quien piense que exagero, lo invito a leer libros de historia, Calibán y la Bruja de Silvia Federici, por ejemplo. Verá que hace no muchos años las mujeres no podían recibir sueldo por su trabajo y el dinero iba directo a sus maridos o padres. Tampoco podían vivir solas, si una mujer soltera llegaba a una aldea, la gente la corría a pedradas. La gran mayoría de las mujeres acusadas de brujería y sentenciadas a morir cometieron “crímenes reproductivos”, es decir, habían utilizado métodos anticonceptivos. Muchas otras “brujas” quemadas en la hoguera fueron esposas o hijas desobedientes, mujeres que estudiaban a escondidas y que alzaban la voz.

Por eso hoy no quiero flores, quiero tener derecho al aborto. No quiero que me abras la puerta, quiero el mismo salario que el de mi vecino de cubículo. No quiero ser enfermera, quiero ser desarrolladora de software.

Estoy harta de eso de que “a la mujer no se le toca ni con el pétalo de una rosa”, quiero penas severas para los que ejerzan la violencia doméstica.

Lo que para ti es un “piropo” para mí es acoso callejero. Mi cuerpo no necesita la aprobación masculina.

No quiero ser madre-esposa-sirvienta de mi pareja, quiero que compartamos las tareas domésticas y la crianza de los hijos.

Y es más, quiero que quede claro que no es mi obligación tener hijos. O en palabras de Lina Meruane en su ensayo Contra los hijos: “Yo, por mi parte, pienso que no tener ganas de procrear o no imaginarse en el rol de madre tendrá que ser tan comprensible como no haber soñado nunca con ser atleta olímpica… ¿Desde cuándo poseer un talento o tener una aptitud obliga a desarrollarla?”

Se los digo con todas sus letras: n-o  q-u-i-e-r-o  f-l-o-r-e-s. Quiero derrocar al patriarcado, acabar con la misoginia. Quiero vivir sola, viajar sola, caminar sola por las calles de noche sin miedo a que me violen, sin miedo a que me maten. Voy a levantar el puño y la voz. Nadie podrá callarme.

El falso sueño que cimienta a los imperios

 

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Hoy terminé “Between the World and Me” de Ta-Nehisi Coates. Me entristeció como entristecen las cicatrices que sólo nos alcanzamos a ver con ayuda de un espejo.

He visto lo que “el Sueño” le ha hecho a mi país. “El Sueño” en México es la creencia de que los pobres son pobres porque quieren, de que los indios/nacos/proles deberían de dejar de tener tanto chamaco y de que deberíamos de “limpiar” las calles y construir más cárceles. Puras falsedades construidas para perpetuar la opresión de la clase dominante.

Coates habla con lucidez y furia sobre cómo el imperio gringo se construyó a base de robo, asesinato y esclavitud. Debajo del Capitolio, del mármol níveo de las efigies de los padres de la democracia estadounidense, yacen los huesos de miles y miles de cuerpos negros, dice Coates. Y a pesar de que hay quienes quisieran olvidar a todos esos cuerpos rotos, violados, vendidos, latigueados, colgando de puentes; también hay quienes como Coates nos enseñan porqué es importante levantarle las costras al pasado, mirar de cerca sus llagas, invitar a que otros lo hagan. Gracias a Coates recordé que el conocimiento es una forma de resistencia.

 
“Back then all I could do was measure these freedom lovers by what I knew. Which is to say, I measured them against children pulling out in the 7-Eleven parking lot, against parents wielding extension cords, and “yeah nigger, what’s up now?” I judged them against the country I knew, which had acquired the land through murder and tamed it through slavery.”

“Very few Americans will directly proclaim that they are in favor of black people being left to the streets. But a very large number of Americans will do all they can to preserve the Dream. No one directly proclaimed that schools were designed to sanctify failure and destruction. But a great number of educators spoke of “personal responsibility” in a country authored and sustained by a criminal irresponsibility. The point of his language of intention and personal responsibility is broad exoneration. Mistakes were made. Bodies were broken. People were enslaved. We meant well. We tried our best. “Good intention” is a hall pass through history, a sleeping pill that ensures the Dream.”

“The writer, and that was what I was becoming, must be wary of every dream and every nation, even his own nation. Perhaps his own nation more than any other, precisely because it was his own.”

“You have to make your peace with the chaos, but you cannot lie. You cannot forget how much they took from us and how they transfigured are very bodies into sugar, tobacco, cotton, and gold.”

“The Dreamers will have to learn to struggle themselves, to understand that the field for their Dream, the stage for where they have painted themselves white, is the deathbed of us all.”

Cuatro momentos bartlebylianos

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Noten el último anuncio, alguien todavía busca un copista…

1.

Leí a Melville en el metro de Nueva York, a bordo del tren D que va del Bronx al sur de Manhattan y luego a Brooklyn. Lo leí de pie, en vagones llenos de oficinistas como yo, la mayoría morenos, medio dormidos, bachata explotando en sus audífonos. Vi sus caras cansadas y me pregunté si igual que Bartleby trabajaban frente a una ventana sin vista o si, como Turkey, pasado el medio día se tornaban indóciles e insultaban a sus jefes, aunque muy bajito y en español.

2.
En la oficina de Fedex de la calle 125 siempre hay fila. Mientras espero mi turno veo a una mujer africana fotocopiar el acta de nacimiento de su bebé. Hazla más oscura, le pide al joven que la ayuda, quiero que se vea mejor el águila que sale sobre la bandera. Cuando al fin llego al mostrador, le explico con detalle lo que necesito a un empleado que tiene los ojos vidriosos. Él me mira dos segundos sin parpadear y saca tres formularios, lo hace tan lentamente que, aunque yo no fumé lo mismo que él, mi tiempo también se expande. ¿Algo más?, me pregunta y le pido que me enseñe el sobre más chico que tenga a la venta. Antes de ir a buscarlo me mira durante tres segundos. En el fondo de sus pupilas dilatadas puedo leer: Preferiría no hacerlo.
3.
The spirit of the Americans is averse to general ideas; and it does not seek theoretical discoveries. Neither politics nor manufactures direct them to see these occupations; and although new laws are perpetually enacted in the United States, no great writers have hitherto inquired into the principles of their legislation. The Americans have lawyers and commentators, but no jurists; and they furnish examples rather than lessons to the world.
— Alexis de Tocqueville (1805–1859), from Democracy in America.

4.
How shall a man go about refusing a man?—Best be roundabout, or plump on the mark?—I can not write the thing you want. I am in the humor to lend a hand to a friend, if I can;—but I am not in the humor to write for Holden’s Magazine. If I were to go on to give you all my reasons—you would pronounce me a bore, so I will not do that. You must be content to believe that I have reasons, or else I would not refuse so small a thing.—As for the Daguerrotype (I spell the word right from your sheet) that’s what I can not send you, because I have none. And if I had, I would not send it for such a purpose, even to you.—Pshaw! You cry—& so cry I.—“This is intensified vanity, not true modesty or anything of that sort!”—Again, I say too. But if it be so, how can I help it. The fact is, almost everybody is having his “mug” engraved nowadays; so that this test of distinction is getting to be reversed; and therefore, to see one’s “mug” in a magazine, is presumptive evidence that he’s a nobody. So being as vain a man as ever lived; & believing that my illustrious name is famous throughout the world—I respectfully decline being oblivionated by a Daguerrotype (what a devil of an unspellable word!). —from a February 12th, 1851 letter that Herman Melville wrote in response to his friend Evert Duyckinck’s request for an article for Holden’s Magazine, where Duyckinck had just taken up the editorship. Duyckinck was a friend of Melville’s and a close associate of Nathaniel Hawthorne’s literary circle.

 

*Las entradas 3 y 4 están tomadas de este dossier sobre Bartleby editado por Melville House Publishing.