Lo que hacen las niñas

Es hora-murciélago, bati-hora. Es hora de que esos bichos con alas salgan de las tuberías y coman niñas. Es hora de que te espantes porque eres niña, niña de tercero “C”, y eso es lo que hacen las niñas: se espantan, sacan ochos, se ríen, no juegan a las traes (o sí), pierden dientes, se enchinan las pestañas con cucharas (o no), se sienten guapas, se sienten feas, se sienten con dolor de panza por las papás con chile, se enamoran de niños (o de niñas), desarrollan pechos, desarrollan complejos (a veces éstos dependen de los pechos), no saben que tienen bigote, alguien les dice que lo tienen (o no), hacen heptágonos con cartulina, hacen muina.

Entonces se vale que te espantes porque te dijeron que los murciélagos chupaban sangre-comían niñas. Se vale que si uno entra en la cocina, grites, lo agarres a escobazos, le eches cloro, veas si se mueve y se lo enseñes a tu papá para corroborar que está muerto.

Pero también se vale verlos salir y no comer niñas, sino mosquitos. También se vale que te aprendas palabras como insectívoros o frugívoros o nectarívoros. Y también se vale que dejes la ventana abierta.

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4 comentarios el “Lo que hacen las niñas

  1. Durante muchos años deje la ventana abierta y nada. Me gustan los murcielagos, tanto que un día adopte como parte de mi dirección de correo la palabra en zapoteco: biguidibela, que sirve para designar su nombre en esta lengua. Existe una leyenada Oaxaqueña acerca del murcielago, si me lo permites la comparto.

    Biguidibela

    El murciélago al principio era tal y como lo conocemos hoy y se llamaba biguidibela (biguidi = mariposa y bela = carne; el nombre venía a significar algo así como mariposa desnuda).
    Un día frío subió al cielo y le pidió plumas al creador, como había visto en otros animales que volaban. Pero el creador no tenía plumas, así que le recomendó bajar de nuevo a la tierra y pedir una pluma a cada ave. Y así lo hizo el murciélago, eso sí, recurriendo solamente a las aves con plumas más vistosas y de más colores.
    Cuando acabó su recorrido, el murciélago se había hecho con un gran número de plumas que envolvían su cuerpo.
    Consciente de su belleza, volaba y volaba mostrándola orgulloso a todos los pájaros, que paraban su vuelo para admirarle. Agitaba sus alas ahora emplumadas, aleteando feliz y con cierto aire de prepotencia. Una vez, como un eco de su vuelo, creó el arco iris. Era todo belleza.
    Pero era tanto su orgullo que la soberbia lo transformó en un ser cada vez más ofensivo para con las aves.
    Con su continuo pavoneo, hacía sentirse chiquitos a cuantos estaban a su lado, sin importar las cualidades que ellos tuvieran. Hasta al colibrí le reprochaba no llegar a ser dueño de una décima parte de su belleza.
    Cuando el Creador vio que el murciélago no se contentaba con disfrutar de sus nuevas plumas, sino que las usaba para humillar a los demás, le pidió que subiera al cielo, donde también se pavoneó y aleteó feliz. Aleteó y aleteó mientras sus plumas se desprendían una a una, descubriéndose de nuevo desnudo como al principio.
    Durante todo el día llovieron plumas del cielo, y desde entonces nuestro murciélago ha permanecido desnudo, retirándose a vivir en cuevas y olvidando su sentido de la vista para no tener que recordar todos los colores que una vez tuvo y perdió.

    Leyenda Oaxaqueña.

    ¿Qué otras cosas hacen las niñas? Tú por ejemplo te trajiste de tu infancia un lindo don, el de escribir, un saludo enorme.

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