Las letras líquidas de Pitol

Sergio Pitol me ronda la cabeza. Su fantasma me visita en las noches. Sueño que le construyo un ataúd de madera, que lo lanzo al río y que se aleja flotando, solo con su muerte.

Lo he leído poquísimo. Apenas Vals de Mefisto y Una autobiografía soterrada. De cualquier forma, me ha perturbado. Sus cuentos fractales, espirales, me dejan helada y electrificada al mismo tiempo.

Le reclamé que arruinara el final de “Nocturno de Bujara”, pero se lo agradecí también, fue una cátedra sobre el cuento. Después de desmenuzarlo, entendí que escribir es como planear un engaño, hay que echar mano de todas las artimañas posibles para, en palabras de Pitol, “imprimirle mayor verosimilitud a los relatos”.

Sé que algo se me escapa, que quizá no he entendido nada. Con suerte, en unos años las cosas sean diferentes.

Por lo pronto dejo aquí fragmentos de este escritor que ya no escribe, como quien pone el rompecabezas en el suelo para encontrar un patrón, una clave, algo.

La realidad, por lo visto, se dice, es rica en golpes bajos, no en grandes hazañas. El cuerpo, es cierto, puede volverlo todo lamentable.

Piensa que por primera vez comprende porqué escribe tan poco, porqué sus neurastenias, sus depresiones. Piensa o cree pensar en la realidad y casi siente vértigo.

Cada uno de nosotros es todos los hombres. ¡Soy la basta piedra que cimienta estas maravillas! ¡Soy una mujer y un caballo y un trozo de bronce que representa un caballo!

Un escritor navega siempre al borde del naufragio cuando trata de recorrer todos los tiempos que han compuesto no sólo a Venecia sino a la más polvosa y deslucida ranchería.

El mundo era asimétrico, que la esencia de la materia, de la energía ¿o de qué diablos, de la vida? era asimétrica. Eso lo explicaba todo…

Porque allá, a la hora del crepúsculo, ves caer de los árboles, como frutos descompuestos, pájaros desventrados con las alas quebradas…

Contemplo las postales que compré en Bujara. Lo cierto es que no reconozco del todo esos lugares; pude o no haber estado en ellos.

Escribir ha sido para mí, si se me permite emplear la expresión de Batjín, dejar un testimonio personal de la mutación constante del mundo.

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