Cómeme

“¿Qué tiene que decir en su defensa?”, preguntó el juez. El acusado se limpió la garganta y habló así: “Yo no soy lo que piensan. Ella parecía mucho mayor. Sus movimientos, sus gestos, todo me gritaba ‘Cómeme’. Se me insinuó. Me provocó. Mi único error fue ser débil. Débil e ingenuo”.

Tras una breve deliberación, el jurado lo declaró culpable. Todos lo miraron con horror. Mientras dos policías lo sujetaban para sacarlo de la sala, la miró por última vez. Ella le sonrió, se puso su caperuza roja y se fue.


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