Pardos como la culpa

Ella llegó oscura igual que la noche, supongo que para no desentonar. Informé a mi madre y el veredicto fue contundente. Bajo su dirección nos encargamos del asunto. Yo tenía once años, pero creo que la libré bastante bien. Ni la policía ni mi padre se enteraron.

Para mi hermana fue otra historia. No le dijo a nadie, logró ocultarlo cincuenta y seis días hasta que a mi madre no le salieron las cuentas mientras lavaba ropa interior blanca. Los cuerpos del delito estaban al fondo de un clóset, trece de ellos, pardos como la culpa. De nuevo la sentencia fue terrible: también mi hermana era ya mujer.


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