Sínquisis: mixtura verborum

La sínquisis es una figura retórica que consiste en instaurar el caos sintáctico dentro de una oración. Es la prima loca del más moderado hipérbaton (“dulces daban al alma melodías” Sigüenza y Góngora) que también altera el orden gramatical del verso o el enunciado pero conserva su claridad.

En sus Ejercicios de estilo, Raymond Queneau usa la sínquisis para convertir una anécdota ordinaria en un discurso disléxico pero reconocible. Mientras que a Cortázar le sirve para responder a una pregunta extrañísima: ¿Y si las gallinas escribieran? Transcribo a continuación:

“Por escrito gallina una”
Con lo que pasa es nosotras exaltante. Rápidamente del posesionadas mundo estamos hurra. Era un inofensivo aparentemente cohete lanzado Cañaveral americanos Cabo por los desde. Razones se desconocidas por órbita de la desvió, y probablemente algo al rozar invisible la tierra devolvió a. Cresta nos calló en la paf, y mutación golpe entramos de. Rápidamente la multiplicar aprendiendo de tabla estamos, dotadas muy literatura para la somos de historia, química menos un poco, desastre ahora hasta deportes no importa pero: de será gallinas cosmos el, carajo qué.
Julio Cortázar, La vuelta al día en ochenta mundos.

Para mi propia incursión en la sínquisis partí de este texto que escribí ex profeso:

La morfología del triángulo

Tres lenguas, seis manos, sesenta uñas. Nos hemos convertido en un monstruo que se lame, se mete los dedos, se muerde el cuello. La conquista del pliegue, la exploración del orificio, la invasión del espacio. Me unen a ellos, me inician. Él reparte su boca como hostias. Es pequeño, más que yo, lampiño, femenino, sus manos son más suaves que las de ella, las pasa por el cuerpo enorme de ella, afilado, masculino. Ella me pone en cruz, reconoce mi piel, la huele, el olor la llama a bajar y baja y come y bebe. Este es mi cuerpo. Él me besa, su barbilla se alinea con mi frente, labio inferior con labio superior, extiende sus brazos y me roza con las yemas. Las manos de él y las de ella se tocan, se entrelazan sobre mi piel. Se miran, se atraen, él repta sobre mí para encontrarse con la boca de ella. Mi boca encuentra su sexo y lo atrapa. Somos un monstruo triangular, una serpiente que se muerde la cola: uroboros. Ella reordena la carne: se extiende boca arriba, mi cara entre sus piernas, él detrás de mí, adentro, sus dedos de niña en mis botones de encendido. Nos contorsionamos, giramos, bufamos, pellizcamos, suplicamos, nos extendemos. Hasta el espasmo, la decantación y la nada.

Lo imprimí y deconstruí enunciado por enunciado tratando de respetar el número de comas aunque cambiándolas de lugar. Fue un ejercicio rico porque la coerción (palabra oulipiana por excelencia que se refiere a las restricciones que enfrenta todo el que escribe) a la que me sometí al trabajar con las mismas palabras me ayudó a repensar mis mañas sintácticas.

Aquí va:

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2 comentarios el “Sínquisis: mixtura verborum

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