Algunos apuntes sobre las jíbaras

IMG_2319

 

Abre el ojo que tienes entre los ojos. Burla esta zanja y cuídate de la cuchilla que oscila a unos metros de tu cabeza. Córrete más hacia acá. ¿Diferente a lo que acostumbras, cierto? El lápiz ponlo aquí. ¿Fácil, no? Gíralo un poco. ¡Hasta ahí, detente, detente, chin! Invocarlas no es tan sencillo como parece. Jamás se logra a la primera, no desesperes. Kafkiano, en efecto, aunque también tiene algo de queneauniano y de perecquiano. Lo fundamental es aprenderle el oficio a Houdini y no detenerse ante las amarras; usar las restricciones a favor de una. Macerar: ese es el secreto; ponerlas a remojar lo suficiente para que se suavicen y se dejen amasar. No dejarse apabullar y confiar en que el sentido saldrá a flote como flores de té a las que se les vierte agua hirviendo, lentamente dejan su constreñimiento esférico y revelan sus formas—Cocteau escribió al respecto, decía que el opio era el agua y el opiómano la flor de té—. ¿Ñandús? Otearlos lo que se dice otearlos, no, pero cosas más raras han aparecido, periquillos tropicales en plena página nívea, por ejemplo. Probablemente haya más dinosaurios dormidos bajo otros pliegues, aunque es imposible saberlo de cierto, aquí no ondea la bandera positivista. ¿Qué otro propósito aparte de la exploración de las orillas crees que se necesite? Razón y ciencia, razón y ciencia, ¿a dónde nos han llevado? ¡Santíguate mejor con la mano izquierda, la de la oscuridad! Tenemos tantas grietas, tantos espacios en blanco que es irrisorio pretender colorearlos con el flaco lapicero de la lógica. Ungirlas con un juego diseñado para ellas, llevarlas al monte y dejarlas triscar como chivitas o abofetearlas y llamarlas putas chillonas; todo se vale. Ven, tómalas sin miedo, no muerden —bueno sí, pero su mordida provoca un dolor dulce— lo lindo de éstas es que todavía saben hacer cabriolas y cruzar puentes, no como sus hermanas mansas que sólo sirven para engorda. Wittgenstein ya lo dijo, el límite lo ponen ellas. Xanadú, Edén, Valhala o como quieras llamarle, hacia allá apuntan ellas, hacia allá se decantan. Yo no soy ninguna experta, pero siempre trato de darles un empujón maternal y ellas solitas olfatean el camino. Zarzal es una metáfora demasiado extrema, ¿no crees?, yo más bien diría arenal, un sendero ondulante mas no imposible, y al final el resultado es siempre estremecedor, da gusto verlas retoñar, abrir los labios y decir bajito: “Abre el ojo que tienes entre los ojos”.

 

*Este es el resultado de un ejercicio de escritura en el que se escribe un texto de 27 enunciados, donde el primer enunciado empiece con la “a” y así hasta llegar hasta la última letra del abecedario.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s