(de mi novela en proceso)

Giro la cara hacia el sol y la veo por primera vez: una araña que empieza a tejer su tela cerca de mi ventana sobre un fondo de olmos rojizos. La luz matinal se recorta sobre sus hilos y los vuelve férreos.

Me acerco a la araña para estudiar su técnica. Lenta e intermitente, se mueve como una hélice enajenada, arrollándose alrededor de su propio eje, haciendo octágonos concéntricos.

Esa forma tiene mi dolor.

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