Algunos apuntes sobre las jíbaras

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Abre el ojo que tienes entre los ojos. Burla esta zanja y cuídate de la cuchilla que oscila a unos metros de tu cabeza. Córrete más hacia acá. ¿Diferente a lo que acostumbras, cierto? El lápiz ponlo aquí. ¿Fácil, no? Gíralo un poco. ¡Hasta ahí, detente, detente, chin! Invocarlas no es tan sencillo como parece. Jamás se logra a la primera, no desesperes. Kafkiano, en efecto, aunque también tiene algo de queneauniano y de perecquiano. Lo fundamental es aprenderle el oficio a Houdini y no detenerse ante las amarras; usar las restricciones a favor de una. Macerar: ese es el secreto; ponerlas a remojar lo suficiente para que se suavicen y se dejen amasar. No dejarse apabullar y confiar en que el sentido saldrá a flote como flores de té a las que se les vierte agua hirviendo, lentamente dejan su constreñimiento esférico y revelan sus formas—Cocteau escribió al respecto, decía que el opio era el agua y el opiómano la flor de té—. ¿Ñandús? Otearlos lo que se dice otearlos, no, pero cosas más raras han aparecido, periquillos tropicales en plena página nívea, por ejemplo. Probablemente haya más dinosaurios dormidos bajo otros pliegues, aunque es imposible saberlo de cierto, aquí no ondea la bandera positivista. ¿Qué otro propósito aparte de la exploración de las orillas crees que se necesite? Razón y ciencia, razón y ciencia, ¿a dónde nos han llevado? ¡Santíguate mejor con la mano izquierda, la de la oscuridad! Tenemos tantas grietas, tantos espacios en blanco que es irrisorio pretender colorearlos con el flaco lapicero de la lógica. Ungirlas con un juego diseñado para ellas, llevarlas al monte y dejarlas triscar como chivitas o abofetearlas y llamarlas putas chillonas; todo se vale. Ven, tómalas sin miedo, no muerden —bueno sí, pero su mordida provoca un dolor dulce— lo lindo de éstas es que todavía saben hacer cabriolas y cruzar puentes, no como sus hermanas mansas que sólo sirven para engorda. Wittgenstein ya lo dijo, el límite lo ponen ellas. Xanadú, Edén, Valhala o como quieras llamarle, hacia allá apuntan ellas, hacia allá se decantan. Yo no soy ninguna experta, pero siempre trato de darles un empujón maternal y ellas solitas olfatean el camino. Zarzal es una metáfora demasiado extrema, ¿no crees?, yo más bien diría arenal, un sendero ondulante mas no imposible, y al final el resultado es siempre estremecedor, da gusto verlas retoñar, abrir los labios y decir bajito: “Abre el ojo que tienes entre los ojos”.

 

*Este es el resultado de un ejercicio de escritura en el que se escribe un texto de 27 enunciados, donde el primer enunciado empiece con la “a” y así hasta llegar hasta la última letra del abecedario.
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Sirenas para Embelesados

 

1

Los Embelesados —hombres jóvenes y pudientes, cansados del sexo, el vino y demás estimulantes para arrobar sus sentidos— financiaron los primeros criaderos de sirenas en lo que antes habían sido granjas de pollos. Se dejaron los techos de lámina y las bandas de producción en serie. Los cambios fundamentales consistieron en sustituir los miles de focos por peceras y los delantales de plástico por tapones para los oídos.

2

Los Embelesados se pasean con Sirenas Chihuahua por todas partes. Las transportan en bolsos-pecera que combinan con los sacos de terciopelo que les gusta ponerse. Los cantos de las Chihuahuas son inofensivos, pero no por eso menos exasperantes. Sin embargo, los Embelesados nunca se inmutan ante las miradas de descontento de la gente, sino que se limitan a abrir su bolso-pecera y a decirle a su sirena con voz melosa: “¿Qué pasó, mi preciosura? Aquí está papi, aquí está papi”, a lo que la Chihuahua responde con más notas desafinadas y ondulaciones lascivas.

3

La Sirena Alfa fue creada por genetistas de varias partes del mundo y es la más hermosa de todas. Se diseñó usando las medidas de una supermodelo brasileña y los colores de los jarrones de cristal de Murano. Meter a dos Sirenas Alfa en el mismo tanque tiene resultados funestos: en minutos se descuartizan una a la otra. Su sangre es tan bella y tornasolada que los Embelesados más excéntricos pagan enormes cantidades de dinero para asistir a peleas clandestinas entre Alfas.

 

*Estas minificciones están publicadas en la antología Alebrije de palabras y son parte de una serie más larga que aparecerá en unos meses.

 

 

Insólitos mínimos

Uno de mis cuentos salió publicado en la antología de minificción El libro de los seres no imaginarios. Minibichario. Esta ficción mínima comparte páginas con autores consagrados como Marcial Fernández, Guillermo Samperio y José Luis Zárate.

El objetivo era hacer un ejercicio de écfrasis, o sea, escribir a partir de una imagen, en este caso, fotografías de bichos raros.

Pueden leer la cuarta de forros aquí, pero por lo pronto les dejo la minificción que escribí para este libro. La fotografía es de Alejandro Boneta.

Los Hijos de las Aguas Inmóviles

Te engañas al pensar que la tuya es la única inteligencia aquí. Somos nosotros los herederos de este mundo en ruinas.

Nuestros sabios han dicho: “Cuando esta Gran Gota de Rocío y Lodo pierda el Mosquitero Celeste que la envuelve, nosotros, Los Hijos de las Aguas Inmóviles, reconquistaremos lo que nos fue arrebatado por los hombres”.

La Gran Estrella será opacada por la niebla perpetua, tus alimentos morirán, tus guaridas se cubrirán de lama y liquen, perderás todo lo que antes era tuyo. El agua que bebías se convertirá en el cunero de nuestras larvas. Las encontrarás hermosamente serpenteantes, asidas a la superficie, con mandíbulas dispuestas, ojos ávidos: listas para la metamorfosis. Lo que a ti te toma salir de la cama por la mañana es lo que tardan ellas en desarrollar alas.

Cada nueva generación nace inmune a tus últimos escudos. Ni tu más potente arma podrá contra nuestra más grande virtud: perseverar hasta la muerte.

Tu sangre pasará a ser propiedad de nuestras hembras. Ellas te ordeñarán hasta vaciarte. Tu cuerpo acarcasado bajo la lluvia perene será la incubadora de nuestros hijos.

Cada uno de nosotros es una neurona en la gran mente colectiva que somos. Un único ojo omnividente que te acecha desde el rincón más oscuro, que perturba tus sueños, que te infecta y te enloquece.

Espéranos esta noche. Te susurraremos al oído que el diluvio se acerca.

Vigiliantes vs. insomnios

1. Vigiliantes que se rehusan a negociar con sus insomnios como si de secuestradores se tratara.

2. Insomnios como secuestradores primerizos que violentan sin dejar claras sus exigencias.

3. Vigiliantes expertos en negociar con insomnios. Acostumbrados a ofrecer carbohidratos, cigarros, infomerciales.

4. Insomnios que liberan minutos de sueño. Uno por uno. Vigiliantes que los reciben y los sacan de la línea de fuego guardándolos bajo la almohada.

 *La foto es mía.

Un burdel de tres paredes y nuevas sueñerías de Shua

Casa de geishas
Ana María Shua
Posdata Editores, Monterrey, 2011.
 

Este conjunto de minificciones está dividido en dos partes. La primera le da su nombre al libro y es un lugar donde el lector mira una burdel a escala con muchísimos cuartos y sólo tres paredes. La segunda, “Versiones”, retoma el tema onírico de La sueñera (1984) pero introduce una práctica que yo no le conocía a la Shua: tratar un mismo tema desde diferentes perspectivas. Esto lo he visto en varias antologías de minificción (El cuento jíbaro y El libro de la imaginación, por ejemplo), pero donde más me gusta como se logra es en 83 novelas de Alberto Chimal (descargable desde el widget de Box.net en la barra derecha de este blog), quien por cierto, publicó El Viajero en el Tiempo es esta misma colección de Posdata, Hormiga Iracunda.

Va un extracto pa’ que se les antoje. En la Ciudad de México lo encuentran en El Péndulo:

 

Una minificción-prólogo, minificción-ars poética:

El reclutamiento
Las primeras mujeres se recluían aparentemente al azar. Sin embargo, una vez reunidas, se observa cierta configuración en el conjunto, una organización que, enfatizada, podría convertirse en un estilo. Ahora la madama busca a las mujeres que faltan y que ya no son cualquiera sino únicamente las que encajan en los espacios que las otras delimitan, y a esta altura ya es posible distinguir qué tipo de burdel se está gestando y hasta qué tipo de clientela podría atraer. Como un libro de cuentos o de poemas, a veces incluso una novela.

Ésta hay que leerla con diccionario en mano:

Los disfraces y las fantasías
Las mujeres se disfrazan para hacerse más atractivas, se disfrazan para cumplir las más feroces fantasías. Están dispuestas a ponerse un disfraz de oveja, de ombú o de bauxita. Pero sólo una vez y para siempre. Y es inútil rogarles que se lo quiten, que retiren de uno esas raíces enormes que lo aprisionan contra la tierra, ese vaho metálico capaz de mineralizar tu lengua, esos vellones que provocan en los clientes sensibles el crecimiento de grandes cuernos retorcidos.

Aquí el enigma en el cuento se siembra con cuatro palabras y me recuerda a “Cefálea” de Cortázar:

Gimnasia
Para mantener sus cuerpos gráciles, las mujeres de la Cara asisten diariamente a sesiones de gimnasia. La profesora las insta a redumar los fibrillos, un dos tres, un dos tres. Como la mayoría de los ejemplares de su especie, la profesora de gimnasia es rígida y exigente. Se niega a aceptar que no todas sus alumnas tienen fibrillos y otras carecen de la articulación que les permitiría redumarlos. El grupo de las vertebradas exige su renuncia. A las demás les da lo mismo.

¿Dónde está la mamá? ¿Por qué la hermana insiste en morder a la narradora?

Fruta con bichos
Muerdo una fruta. La fruta tiene gusanos. Los gusanos son contagiosos, dice mi mamá. Por eso me pica tanto. Me quito las zapatillas y las medias. Tengo gusanos blancos, movedizos, entre los dedos de los pies. Si me los saco, vuelven a brotar. Son molestos pero vale la pena: cuando mi hermana nos vea, no va a querer morderme nunca más.

Lo fantástico desde la primera línea, sin explicaciones, orgánico como una enredadera:

Problemas legales de las enredaderas
Una mujer se convierte en enredadera. Crece lentamente cubriendo las paredes exteriores y el techo de la casa. Sus herederos intentan ejercer sus derechos. Se nombra a un abogado, se acude a tribunales, se cosen expedientes. Sin embargo, resulta imposible certificar la muerte. La enredadera asiste a las audiencias con las raíces envueltas en algodón húmedo, exhibe sus documentos, responde cortésmente a las preguntas del juez, que (es evidente) le tiene miedo. Uno de los nietos se atreve a la tijera de podar. Al separar la planta de sus raíces, se derrumban las paredes de la casa, que sólo la enredadera sostenía. Lamentablemente, el terreno vale poco.

Lo onírico:

Agua fría
Agua fría en la cara para borrar los rastros del sueño, para borrar los restos de la pesadilla. Agua fría en la cara lisa, sin facciones: borrada.

Nótese el peso que “Olímpicos” y “divinamente” tienen sobre el texto:

Guión cinematográfico
En una primera versión la protagonista es muy joven, apenas adolescente, pero se percibe que así resulta difícil ahondar conflictos, se la ubica entonces en los veinticinco años, es rubia, está casada, hasta que súbitamente se la prefiere hombre, un muchacho charlatán que envejece de un día para el otro, ciertas exigencias argumentales lo convierten en un anciano débil de mirada rojiza, legañosa y a continuación en una niña demasiado astuta. En el momento de transformarse la niña en perro, en ese viejo pastor inglés que se ganará, simpático y lanudo, el aplauso del público, sus células estallan desparramando sobre la mesa de trabajo una sustancia gelatinosa y ardiente que devora al material bibliográfico, los casetes, al guionista mismo, el edificio de la productora y poco a poco al mundo, la galaxia, el universo entero reducido a ese punto mínimo, previo al primer latido, una historia que cualquiera podría encontrar monótona, uniforme, pero que encierra todas las historias para ese Conjunto de Olímpicos Espectadores que aplauden. Divinamente fascinados.

Lo metatextual:

El respeto por los géneros
Un hombre despierta junta una mujer a la que no reconoce. En una historia policial esta situación podría ser efecto del alcohol, de la droga o de un golpe en la cabeza. En un cuento de ciencia ficción el hombre comprendería eventualmente que se encuentra en un universo paralelo. En una novela existencialista el no reconocimiento podría deberse, simplemente, a una sensación de extrañamiento, de absurdo. En un texto experimental el misterio quedaría sin desentrañar y la situación sería resuelta por una pirueta del lenguaje. Los editores son cada vez más exigentes y el hombre sabe, con cierta desesperación, que si no logra ubicarse rápidamente en un género corre el riesgo de permanecer dolorosa, perpetuamente inédito.

A Dante lo tradujeron mal:

Copista equivocado
La acróbata echa fuego por las narices y los payasos se atraviesan con espadas y los elefantes tienen las trompas obturadas con tapones de acrílico y los leones vomitan la cabeza del mago y si la tradición menciona círculos es quizá por error de algún copista: en ocho circos (un solo director con su tridente) seremos castigados.

La mini de terror:

Quizás apendicitis
Operación de rutina. A la altura de la vesícula biliar, el bisturí tropieza con un obstáculo impenetrable a su filo eléctrico. Con las dos manos, el cirujano extrae una perla gigantesca que muestra, entre los hilos rojos, su brillo de nácar. El equipo de cardio se distrae por un momento, el anestesista mismo parece encandilado. Entonces, en forma repentina, se cierran las valvas del paciente. Después, empieza la digestión.

 

 

Un trabajo como cualquier otro

Conocí a una novelista alguna vez. Vivía adentro de una máquina de palomitas. Cada vez que los granos de maíz comenzaban a tronar, ella gritaba: “¡Piratas a estribor!”, tomaba un pincel, lo bañaba en mantequilla y escribía “fuego a discreción” o “maten a esas malnacidas” en el vidrio de la palomera. Entonces una lluvia amarilla y viscosa caía sobre las palomitas y las aplacaba. La novelista reía ante la inminente derrota de sus adversarias y giraba hacia el público para recibir los aplausos y hacer una reverencia. Uno que otro despistado comentaba lo sobrenatural del espectáculo, pero era rápidamente corregido por alguien más avezado que le contestaba: “Nada tiene de sobrenatural el asunto, de eso viven los escritores”.

*Este es un logo-rally, es decir, un juego Oulipiano en el que se construye un texto a partir de una lista de palabras que deben ser incorporadas en orden de aparición. Las palabras fueron: novelista, máquina, piratas, pintar, público, sobrenatural. Las tomé de esta minificción de Julio Torri.