3 respuestas sobre la minificción

Gracias a la revista La Cigarra por esta entrevista que aquí reproduzco.

3 preguntas a Úrsula Fuentesberain | minificción

Le hicimos tres preguntas a la escritora Úrsula Fuentesberain  en relación con nuestro dossier del No. 11, minificciones. Estas fueron sus respuestas.


¿Cuál fue la última anécdota que contaste? 

En la sexta Avenida y la calle 32 de Manhattan, hay hombresestatuasdesal. Los veo plantados en las banquetas con los ojos cerrados, totalmente inmóviles.

Es falso eso de inmóviles, sus párpados aletean como aletean los párpados de los soñantes.

Los veo y me pregunto quién es más libre, ¿yo, que pasaré las siguientes nueve horas en una torre de concreto y cristal escribiendo líneas para empujar a la gente a comprar más hamburguesas o ellos, que están a kilómetros de estas calles olorosas a basura, flotando en ríos caleidoscópicos y teniendo orgasmos en cada uno de los poros de su piel?

¿Qué no cabe en una minificción?

El fárrago. Los cuchillos desafilados.

Escribamos una minificción juntos: danos cinco pistas de la historia.

Primavera
May Blossoms
Los que Dios dijo
No saber si huele a sexo o a cadáver
Las calles sucias de pétalos blancos

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[GIF de Canek Zapata]

Úrsula Fuentesberain

1982. Celaya, Guanajuato. Escritora de cuentos, reseñas y derivas. Ha editado las revistas Día Siete Dónde ir. Fue becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de narrativa y obtuvo también la beca FONCA jóvenes creadores. Hizo la maestría en escritura creativa de Sarah Lawrence College. Vive en Nueva York.
http://www.ursulafuentesberain.wordpress.com.

Puedes encontrar más trabajo de Canek Zapata aquí:
newhive.com/canekzapata/

Google como detonador de la escritura

Hace unos meses, Cristina Rivera Garza me pasó un link con ejercicios para detonar la escritura. Son experimentos para hacer poemas, pero muchos de ellos también sirven para escribir en prosa. Son instrucciones para jugar con el lenguaje y hacer oficio como escritor. Su compilador es Charles Bernstein, un tipo loco que hace poemas con fragmentos de conversaciones escuchadas en la calle, slogans publicitarios, cuestionarios de revistas y, básicamente, todo lo que cae en sus manos. Al final de sus “experimentos”, Bernstein recomienda que cada uno de los ejercicios sea recombinado para crear un único poema extenso -estrategia a la que él mismo recurrió en Dark City, por cierto-.

Uno de los ejercicios consiste en poner cualquier palabra en el buscador de Google y construir un texto usando las palabras contenidas dentro de los resultados de la búsqueda.

Yo usé la palabra “cola” y este fue el texto que construí con las palabras que me dio Google:

Usos concretos de la cola

La cola, también llamada suplemento plus, es natural de Madagascar.
Es una secuencia de elementos en la que la operación de inserción push se utiliza para la “retención de líquidos”.
Fue creada el 5 de Mayo de 1886. John Pemberton, su inventor, empezó a trabajar en la fórmula a los 54 años de edad.      
El encanto de sus rincones destapa gotas de felicidad todos los días. La magia de sus leyendas se fortalece a través de la creación de cálculos en el riñón y en la vejiga.
En el último cómputo, una cola trae los mejores movimientos y lo más nuevo en informática.
“La cola conoce nuestras acciones. Nosotros no sabemos qué se propone la cabeza de la cola”. Lichtenberg

Creo que lo interesante de los ejercicios para soltar la pluma es que sirvan como germen, que ayuden a vencer el pánico a la página en blanco y que le den un carácter lúdico al acto de escribir.

Si alguien se anima a hacer el ejercicio y pegarlo en los comentarios, adelante. 🙂

Sínquisis: mixtura verborum

La sínquisis es una figura retórica que consiste en instaurar el caos sintáctico dentro de una oración. Es la prima loca del más moderado hipérbaton (“dulces daban al alma melodías” Sigüenza y Góngora) que también altera el orden gramatical del verso o el enunciado pero conserva su claridad.

En sus Ejercicios de estilo, Raymond Queneau usa la sínquisis para convertir una anécdota ordinaria en un discurso disléxico pero reconocible. Mientras que a Cortázar le sirve para responder a una pregunta extrañísima: ¿Y si las gallinas escribieran? Transcribo a continuación:

“Por escrito gallina una”
Con lo que pasa es nosotras exaltante. Rápidamente del posesionadas mundo estamos hurra. Era un inofensivo aparentemente cohete lanzado Cañaveral americanos Cabo por los desde. Razones se desconocidas por órbita de la desvió, y probablemente algo al rozar invisible la tierra devolvió a. Cresta nos calló en la paf, y mutación golpe entramos de. Rápidamente la multiplicar aprendiendo de tabla estamos, dotadas muy literatura para la somos de historia, química menos un poco, desastre ahora hasta deportes no importa pero: de será gallinas cosmos el, carajo qué.
Julio Cortázar, La vuelta al día en ochenta mundos.

Para mi propia incursión en la sínquisis partí de este texto que escribí ex profeso:

La morfología del triángulo

Tres lenguas, seis manos, sesenta uñas. Nos hemos convertido en un monstruo que se lame, se mete los dedos, se muerde el cuello. La conquista del pliegue, la exploración del orificio, la invasión del espacio. Me unen a ellos, me inician. Él reparte su boca como hostias. Es pequeño, más que yo, lampiño, femenino, sus manos son más suaves que las de ella, las pasa por el cuerpo enorme de ella, afilado, masculino. Ella me pone en cruz, reconoce mi piel, la huele, el olor la llama a bajar y baja y come y bebe. Este es mi cuerpo. Él me besa, su barbilla se alinea con mi frente, labio inferior con labio superior, extiende sus brazos y me roza con las yemas. Las manos de él y las de ella se tocan, se entrelazan sobre mi piel. Se miran, se atraen, él repta sobre mí para encontrarse con la boca de ella. Mi boca encuentra su sexo y lo atrapa. Somos un monstruo triangular, una serpiente que se muerde la cola: uroboros. Ella reordena la carne: se extiende boca arriba, mi cara entre sus piernas, él detrás de mí, adentro, sus dedos de niña en mis botones de encendido. Nos contorsionamos, giramos, bufamos, pellizcamos, suplicamos, nos extendemos. Hasta el espasmo, la decantación y la nada.

Lo imprimí y deconstruí enunciado por enunciado tratando de respetar el número de comas aunque cambiándolas de lugar. Fue un ejercicio rico porque la coerción (palabra oulipiana por excelencia que se refiere a las restricciones que enfrenta todo el que escribe) a la que me sometí al trabajar con las mismas palabras me ayudó a repensar mis mañas sintácticas.

Aquí va:

El balance

Avanzar de prisa. Seguir a las demás. Cerrar los ojos. Estirar los brazos. Avalancharnos.

Alinearnos. Escuchar las órdenes. Inflar el cuerpo. Abrir el compás. Parecer más grandes, más fuertes, más. Contraatacar.

Las otras: Verlas, probarlas, acabar con ellas. Lamernos. Encontrar un lugar. Llenar los huecos. Romper la formación. Ignorar los gritos de “Retirada”. Fundirnos. Desaparecer.

*Écfrasis ‑es decir, una narración a partir de una imagen o serie de imágenes‑ del video de Rimantas Lukavicius en Vimeo.

Variaciones sobre un mismo cuento

 

Daré un taller literario para escribir cuento a partir de los “Ejercicios de estilo” de Queneau.

Será un acercamiento lúdico a esta obra que formó parte de Oulipo (Taller de Literatura Potencial, por sus siglas en francés) y el pretexto para escribir cuento breve usando las técnicas de “coerción” y juego como el lipograma, el S+7, la literatura definicional o el logo-rally.

Aquí los datos de contacto para informes e inscripciones:

Desde acá no se ve el sol nacer

Estoy tomando un taller de poesía japonesa tradicional. Ha sido un continuo darme de topes con mi occidentalidad. Con todo y todo, escribí un tanka, es decir, un poema de cinco versos donde el conteo silábico de cada verso se ve así: 5, 7, 5, 7, 7

corro entre rocas
contra el sol y los vientos
igual que el quiote
que burla la gravedad
pero cae abatido

Y ahora, un tanka de Fujiwara no Yoshitsune (1169-1206), quien además de poeta era consejero del Emperador.

noche escarchada
cantan cerca los grillos
tiendo mis ropas
sobre la estera helada
nadie duerme conmigo

Minientrada

Self-absorbed, self-betrayed, self-conscious, self-directed, self-efficient, self-fulfilling, self-governed, self-hypnosed, self-indulgent, self-joked, self-known, self-loather, self-made, self-nurtured, self-oriented, self-pitied, self-questioned, self-righteous, self-sufficient, self-taught, self-updated, self-valued, self-worthy, self-x-rayed, self-yearned, self-zapped.

Self

Oulipo: Letras en potencia

Mañana fungiré como editora invitada de Territorio Liberado, una comunidad virtual a cargo de Nadir Chacín y Josué Vega donde se discuten temas coyunturales, frecuentemente vinculados con la creación y el arte, que al final del día articulan la poética de este espacio.

El tema será Oulipo, ya saben, ese movimiento literario abanderado por Raymond Queneau donde la literatura, las matemáticas, la música y todos los tropos que quepan en el sombrero se revuelcan entre ellos hasta crear hermosos mutantes de las letras.

Sigan el día oulipiano en Territorio Liberado.

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Betsy o eso que cabe en una caja de licuadora

Más de una vez mis maestros me han dicho que transcribir un texto es un ejercicio básico para todo escritor en ciernes y Steiner me terminó de convencer en su ensayo “El lector infrecuente” cuando dice que leer de verdad es dialogar con el texto, escribir en sus márgenes, aprender de memoria los pasajes más divertidos o más sesudos y transcribirlo fielmente para estudiar sus mecanismos.

Así que les dejo “Betsy” un cuento de Rubem Fonseca que me fascinó por su andamiaje sencillo, por el cuidado con que cada palabra está puesta y porque a pesar de que Fonseca aparentemente estropea el final al decir que Betsy muere en la primera línea, el remate del relato es magistral.

Betsy

Betsy esperó a que el hombre regresara para morir.

Antes del viaje, él notó que Betsy tenía un apetito poco común. Después surgieron otros síntomas, ingestión excesiva de agua, incontinencia urinaria. Hasta entonces, el único problema de Betsy era la catarata en uno de los ojos. A ella no le gustaba salir, pero antes del viaje sorpresivamente entró con él en el elevador y los dos pasearon por la acera junto a la playa, algo que ella nunca había hecho antes.

El día que el hombre llegó, Betsy tuvo el derrame y se quedó sin comer. Veinte días sin comer, acostada con el hombre en la cama. Los especialistas dijeron que ya no se podía hacer nada. Betsy sólo se paraba de la cama para tomar agua.

El hombre permaneció con Betsy en la cama durante toda su agonía, acariciando su cuerpo, sintiendo con tristeza la flacura de sus ancas. El último día, Betsy, muy quieta, los ojos azules abiertos, miró al hombre con la mirada de siempre, la mirada con que expresaba la comodidad y el placer que su presencia y sus cariños le producían. Comenzó a temblar y él la abrazó con más fuerza. Al sentir que sus miembros estaban fríos, el hombre le buscó una posición cómoda en la cama. Entonces ella extendió el cuerpo, pareciendo desperezarse, y echó la cabeza hacia atrás en un gesto lánguido. Después estiró el cuerpo todavía más y suspiró, una exhalación fuerte. El hombre pensó que Betsy había muerto. Pero algunos segundos más tarde emitió otro suspiro. Horrorizado con su meticulosa atención, el hombre contó, uno por uno, todos los suspiros de Betsy. Con intervalos de algunos segundos, ella exhaló nueve suspiros iguales, la lengua de fuera asomando por un lado de la boca. Luego empezó a golpearse el abdomen con los dos pies juntos, como lo hacía ocasionalmente sólo que con más violencia. En seguida, se quedó inmóvil. El hombre pasó la mano levemente por el cuerpo de Betsy. Ella se desesperezó y estiró los miembros por última vez. Estaba muerta. Ahora, el hombre lo sabía, estaba muerta.

El hombre pasó toda la noche despierto al lado de Betsy, acariciándola suavemente, en silencio, sin saber qué decir. Habían vivido juntos dieciocho años.

En la mañana, la dejó en la cama y fue a la cocina a prepararse un café negro. Se fue a tomar el café a la sala. La casa jamás había estado tan vacía y triste.

Por fortuna el hombre no había tirado la caja de cartón de la licuadora. Volvió a la recámara. Cuidadosamente colocó el cuerpo de Betsy dentro de la caja. Con la caja bajo el brazo caminó hacia la puerta. Antes de abrirla y salir, se secó los ojos. No quería que lo vieran así.