Google como detonador de la escritura

Hace unos meses, Cristina Rivera Garza me pasó un link con ejercicios para detonar la escritura. Son experimentos para hacer poemas, pero muchos de ellos también sirven para escribir en prosa. Son instrucciones para jugar con el lenguaje y hacer oficio como escritor. Su compilador es Charles Bernstein, un tipo loco que hace poemas con fragmentos de conversaciones escuchadas en la calle, slogans publicitarios, cuestionarios de revistas y, básicamente, todo lo que cae en sus manos. Al final de sus “experimentos”, Bernstein recomienda que cada uno de los ejercicios sea recombinado para crear un único poema extenso -estrategia a la que él mismo recurrió en Dark City, por cierto-.

Uno de los ejercicios consiste en poner cualquier palabra en el buscador de Google y construir un texto usando las palabras contenidas dentro de los resultados de la búsqueda.

Yo usé la palabra “cola” y este fue el texto que construí con las palabras que me dio Google:

Usos concretos de la cola

La cola, también llamada suplemento plus, es natural de Madagascar.
Es una secuencia de elementos en la que la operación de inserción push se utiliza para la “retención de líquidos”.
Fue creada el 5 de Mayo de 1886. John Pemberton, su inventor, empezó a trabajar en la fórmula a los 54 años de edad.      
El encanto de sus rincones destapa gotas de felicidad todos los días. La magia de sus leyendas se fortalece a través de la creación de cálculos en el riñón y en la vejiga.
En el último cómputo, una cola trae los mejores movimientos y lo más nuevo en informática.
“La cola conoce nuestras acciones. Nosotros no sabemos qué se propone la cabeza de la cola”. Lichtenberg

Creo que lo interesante de los ejercicios para soltar la pluma es que sirvan como germen, que ayuden a vencer el pánico a la página en blanco y que le den un carácter lúdico al acto de escribir.

Si alguien se anima a hacer el ejercicio y pegarlo en los comentarios, adelante. 🙂

Cuentos-cabriola

Portarrelatos
José de la Colina

Es un libro de 90 páginas, juguetón como su autor. Hay cuentos oulipianos, como “el viaje de Sebastián”, con narradores poco confiables, dubitativos, salpicados de esas “y” que tanto le criticaba uno de mis ex-compañeros becarios a mis cuentos:

Nicolás dice que un jueves y Blanquita que un sábado y yo creo que un domingo, en fin, que no nos ponemos de acuerdo, y es como si diferentes sebastianes hubieran salido en diferentes días de la semana: un Sebastián alto, un Sebastián bajo, un Sebastián mediano, un Sebastián de cabello negro, un Sebastián de cabello rubio y uno delgado y otro robusto y otro más ni robusto ni delgado, digamos que en nuestras charlas de sobremesa empieza a haber muchos sebastianes, y quién sabe cuál es el verdadero, y entonces mamá suspira y dice yo sé muy bien cómo es Sebastián porque una madre lleva el retrato de su hijo en el corazón y yo ya tenía en mi corazón su retrato desde antes de que naciera…

También hay cuentos fractales: “El hombre que va hacia el faro” usa el recurso de mise en abîme. Un hombre compra una cajetilla de Faros y mira la ilustración de un hombre de espaldas con sombrero que mira a un faro por donde pasa un barco cuya tripulación canta remembranzas de mujeres isleñas pero también de:

playas solitarias a las que van a morir oscuras y silenciosas o rugientes olas arrojando vacías caracolas en cuya espiral interior se oye el rumor de otro mar cuyas olas a su vez van a morir a otras playas solitarias de islas sin nombre y nunca miradas por nadie, islas del inmenso mar sin horizonte, el mar soñado de islas soñadas…

O cuentos-espejo, como “Dulcemente”, donde todo lo que sucede en la pantalla de cine (el cuello blanco de la actriz, las manos del actor alrededor del cuello de la actriz, la música japonesa como gotas de lluvia sobre gongs) se reproduce simétricamente en el mundo narrativo. Y esa palabra (dulcemente) lo permea todo. Un cuento lleno de adverbios (esos que tanto odiaba ese mismo ex-becario), adverbios rítmicos, como golpes a un gong.

Cuentos con forma de sueño:

¡Sube, sube, pero sube!, dice tu padre palmoteándote un hombro desde atrás de ti, porque ha montado contigo tanto en el sueño como en el aparato, y aunque el soñador, tú mismo pero otro, te dice: esto es sólo un sueño que estás soñando en 1995, y aunque aparentemente has vuelto a ser un niño, decides actuar y tiras de la palanca de mando del planeador para que ascienda…

Cuentos metamórficos, cuentos intertextuales, cuentos como gatos rojos-republicanos que devoran palomas blancas-católicas, cuentos telefónicos, cuentos-espejismo, cuentos-cabriola (de esos que le gustaban tanto a Torri porque abominaban de los puentes). Un señor-libro-de-cuentos, pues.

 

Dos notas: 1. Este libro se puede comprar por internet acá. 2. Justo hoy José de la Colina publicó en Milenio un texto hermosísimo sobre los cuentos que no escribió su amigo Pedro Miret, eso fue lo que detonó este post.

Sínquisis: mixtura verborum

La sínquisis es una figura retórica que consiste en instaurar el caos sintáctico dentro de una oración. Es la prima loca del más moderado hipérbaton (“dulces daban al alma melodías” Sigüenza y Góngora) que también altera el orden gramatical del verso o el enunciado pero conserva su claridad.

En sus Ejercicios de estilo, Raymond Queneau usa la sínquisis para convertir una anécdota ordinaria en un discurso disléxico pero reconocible. Mientras que a Cortázar le sirve para responder a una pregunta extrañísima: ¿Y si las gallinas escribieran? Transcribo a continuación:

“Por escrito gallina una”
Con lo que pasa es nosotras exaltante. Rápidamente del posesionadas mundo estamos hurra. Era un inofensivo aparentemente cohete lanzado Cañaveral americanos Cabo por los desde. Razones se desconocidas por órbita de la desvió, y probablemente algo al rozar invisible la tierra devolvió a. Cresta nos calló en la paf, y mutación golpe entramos de. Rápidamente la multiplicar aprendiendo de tabla estamos, dotadas muy literatura para la somos de historia, química menos un poco, desastre ahora hasta deportes no importa pero: de será gallinas cosmos el, carajo qué.
Julio Cortázar, La vuelta al día en ochenta mundos.

Para mi propia incursión en la sínquisis partí de este texto que escribí ex profeso:

La morfología del triángulo

Tres lenguas, seis manos, sesenta uñas. Nos hemos convertido en un monstruo que se lame, se mete los dedos, se muerde el cuello. La conquista del pliegue, la exploración del orificio, la invasión del espacio. Me unen a ellos, me inician. Él reparte su boca como hostias. Es pequeño, más que yo, lampiño, femenino, sus manos son más suaves que las de ella, las pasa por el cuerpo enorme de ella, afilado, masculino. Ella me pone en cruz, reconoce mi piel, la huele, el olor la llama a bajar y baja y come y bebe. Este es mi cuerpo. Él me besa, su barbilla se alinea con mi frente, labio inferior con labio superior, extiende sus brazos y me roza con las yemas. Las manos de él y las de ella se tocan, se entrelazan sobre mi piel. Se miran, se atraen, él repta sobre mí para encontrarse con la boca de ella. Mi boca encuentra su sexo y lo atrapa. Somos un monstruo triangular, una serpiente que se muerde la cola: uroboros. Ella reordena la carne: se extiende boca arriba, mi cara entre sus piernas, él detrás de mí, adentro, sus dedos de niña en mis botones de encendido. Nos contorsionamos, giramos, bufamos, pellizcamos, suplicamos, nos extendemos. Hasta el espasmo, la decantación y la nada.

Lo imprimí y deconstruí enunciado por enunciado tratando de respetar el número de comas aunque cambiándolas de lugar. Fue un ejercicio rico porque la coerción (palabra oulipiana por excelencia que se refiere a las restricciones que enfrenta todo el que escribe) a la que me sometí al trabajar con las mismas palabras me ayudó a repensar mis mañas sintácticas.

Aquí va:

Listas, libros, Perec, Shōnagon y Calvino

Me encanta hacer listas. Me resulta terapéutico. Desempolvar la cabeza. Poner orden. Ganarle la batalla al caos que flota por todos lados.

Se pueden hacer listas de todo. En su Libro de la almohada, Sei Shōnagon escribe listas de “cosas que suscitan profundos recuerdos”, “cosas que no pueden compararse”, “cosas que pierden al ser pintadas”, “cosas que deben ser breves” y así.

En Pensar/Clasificar, Georges Perec enlista los apellidos derivados del nombre Brû, el protagonista de La dimanche de la vie (El domingo de la vida) de Raymond Queneau, y de otras cosas aparentemente igual de futiles. “La enumeración me parece, antes de todo pensamiento (y de toda clasificación), la marca misma de esta necesidad de nombrar y de reunir sin la cual el mundo (“la vida”) carecería de referencias para nosotros”, escribe Perec y continúa: “Hay algo de exultante y de aterrador a la vez en la idea de que nada en el mundo sea tan único como para no poder entrar en una lista”.

En Si una noche de invierno un viajero, Italo Calvino hace un listado de los libros que atacan a Lector cuando entra a la librería a comprar un libro llamado Si una noche de invierno un viajero de un tal Italo Calvino. Transcribo los que más me gustaron:
Libros Que No Has Leído
– Libros Ya Leídos Sin Necesidad Siquiera De Abrirlos Pues Pertenecen A La Categoría de Lo Ya Leído Antes Aún De Haber Sido Escrito
– Libros Que Tienes La Intención Aunque Antes Deberías Leer Otros
– Libros Demasiado Caros Que Podrías Esperar A Comprarlos Cuando Los Revendan A Mitad De Precio
– Libros Que Todos Han Leído Conque Es Casi Como Si Los Hubieras Leído También Tú
– Libros Que Hace Mucho Tiempo Tienes Programado Leer
– Libros Que Se Refieren A Algo Que Te Interesa En Este Momento
– Libros Que Te Inspiran Una Curiosidad Repentina, Frenética Y No Claramente Justificable
– Libros Leídos Hace Tanto Tiempo Que Sería Hora De Releerlos
– Libros Que Has Fingido Siempre Haber Leído Mientras Que Ya Sería Hora De Que Te Decidieses A Leerlos De Veras

Yo, por mi parte, propongo las siguientes:
– Edades a la que creo que morirán mis amigos más cercanos
– Cosas que hubiera podido contestar a quienes me molestaron cuando era niña
– Preguntas que le hubiera hecho a Italo Calvino si me hubiera quedado atrapada con él dentro de un elevador
– Frases para decirle a Hitler antes de matarlo
– Tramas de libros que nunca escribiré
– Figuras encontradas en el plafón
– Colores predominantes en los anuncios espectaculares del Segundo Piso del Periférico
– Palabras de más de cinco letras donde la única vocal sea la “e”
– Cosas que no entrarían en una lista

El balance

Avanzar de prisa. Seguir a las demás. Cerrar los ojos. Estirar los brazos. Avalancharnos.

Alinearnos. Escuchar las órdenes. Inflar el cuerpo. Abrir el compás. Parecer más grandes, más fuertes, más. Contraatacar.

Las otras: Verlas, probarlas, acabar con ellas. Lamernos. Encontrar un lugar. Llenar los huecos. Romper la formación. Ignorar los gritos de “Retirada”. Fundirnos. Desaparecer.

*Écfrasis ‑es decir, una narración a partir de una imagen o serie de imágenes‑ del video de Rimantas Lukavicius en Vimeo.

Instrucciones: lea y relea, deje que las palabras retumben en su cabeza hasta conseguir una novela

 

 

Una reseña que hice sobre 83 novelas, libro de minificciones de Alberto Chimal.

Clic en la imagen para seguir leyendo.

Variaciones sobre un mismo cuento

 

Daré un taller literario para escribir cuento a partir de los “Ejercicios de estilo” de Queneau.

Será un acercamiento lúdico a esta obra que formó parte de Oulipo (Taller de Literatura Potencial, por sus siglas en francés) y el pretexto para escribir cuento breve usando las técnicas de “coerción” y juego como el lipograma, el S+7, la literatura definicional o el logo-rally.

Aquí los datos de contacto para informes e inscripciones:

Oulipo: Letras en potencia

Mañana fungiré como editora invitada de Territorio Liberado, una comunidad virtual a cargo de Nadir Chacín y Josué Vega donde se discuten temas coyunturales, frecuentemente vinculados con la creación y el arte, que al final del día articulan la poética de este espacio.

El tema será Oulipo, ya saben, ese movimiento literario abanderado por Raymond Queneau donde la literatura, las matemáticas, la música y todos los tropos que quepan en el sombrero se revuelcan entre ellos hasta crear hermosos mutantes de las letras.

Sigan el día oulipiano en Territorio Liberado.

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Videominificciones

Tres microrelatos ilustrados que formaron parte de mi proyecto de escritura en otros soportes para el taller Polilab impartido por Rocío Cerón en el PEC.

Créditos fotográficos:
¿Qué pensaría Pollock?: Sweetchy, Gustav y Social Advances
Su casa de cabeza: Christopher Evans
Otra boca: Othersescape